Editoriales — 1 Agosto, 2016 at 1:46 pm

Tres políticas para fortalecer la lactancia materna

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La lactancia materna es un derecho de los niños y de sus madres y, como tal, es responsabilidad del Estado garantizarlo. Para concientizar sobre este derecho, y su importancia para la vida de los niños y sus madres, entre el 1 y el 7 de agosto se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna, auspiciada por la Alianza Mundial por Lactancia Materna (WABA) con el apoyo de UNICEF y del Consejo Económico y Social de Naciones Unidas (ECOSOC).

No hay dudas: la leche materna es el mejor alimento para un niño. Es clave para un desarrollo sano, ya que reduce la probabilidad de mortalidad infantil, promueve el crecimiento y el desarrollo cognitivo del niño y mejora la salud de los niños y sus madres. Los expertos recomiendan fuertemente el inicio de la lactancia antes de la primera hora del nacimiento, la lactancia materna exclusiva desde el nacimiento hasta los 6 meses, y luego lactancia materna continuada (agregando alimentos complementarios adecuados) hasta por lo menos los 2 años.

Argentina realizó algunos esfuerzos, aún incipientes, en este sentido. Se destaca la aprobación del Decreto 22/2015, que reglamenta la Ley 26.873 de Promoción y Concientización Pública sobre la Lactancia Materna, orientado a extender y ampliar la promoción y la concientización pública sobre la importancia de la lactancia materna y la adhesión a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que incluyen componentes sobre lactancia, y salud y nutrición de los niños y sus madres

Sin embargo, estas normativas no aseguran en sí mismas su traducción en la práctica. El caso de Constanza Santos y su bebé, quienes fueron maltratados por la policía local cuando ella intentaba amamantarlo en un espacio público, es uno de los tantos hechos en los que el ejercicio de este derecho es vulnerado. Garantizar la implementación de las normativas resulta particularmente urgente dada la situación crítica de la lactancia en Argentina.

Si bien no se cuenta con información pública actualizada, la Encuesta Nacional de Lactancia Materna de 2011, revela que en Argentina solo 54% de los niños menores de 6 meses recibía lactancia materna exclusiva. Este último porcentaje disminuye a medida que el niño crece: a los 2 meses de edad el 60% recibe lactancia materna exclusiva, a los 4 meses el 45% y a los 6 meses solo el 30%.

Los profundos tabúes sobre amamantamiento que en su mayoría se vinculan con el desconocimiento, los estereotipos de género y la cosificación de las mujeres, pueden ayudar a explicar esta situación. En culturas en las que el cuerpo de la mujer es altamente sexualizado, como en la Argentina, la connotación sexual de los pechos femeninos conduce a una asociación entre amamantamiento y privacidad del hogar que impide la naturalización de esta práctica y disminuye su regularidad.

El Estado tiene un rol fundamental en el desarrollo de mecanismos que rompan con esta estigmatización y promuevan la lactancia. En particular puede hacerlo a partir de tres políticas públicas específicas:

  1. Promover una estrategia de atención integral al parto y al recién nacido, que incluya: desarrollar campañas de comunicación masiva que brinden información sobre lactancia materna y crianza; fortalecer las capacitaciones a efectores de salud, enriquecer el curso de preparto con herramientas que promuevan a lactancia materna y el involucramiento de los padres, y extender la Red de Bancos de Leche Materna en cada servicio de neonatología de alta complejidad.
  2. Modificar el régimen de licencias para incluir la implementación de licencias familiares y extender las licencias por paternidad. Está demostrado que la presencia del padre en el primer mes de vida del bebé contribuye a reducir las tasas de rechazo en el amamantamiento al disminuir los niveles de estrés.
  3. Por último, generar espacios de cuidado y lactarios próximos a los lugares de trabajo. Un paso fundamental es reglamentar el artículo 179 de la Ley de Contrato de trabajo para el establecimiento de lactarios y salas maternales en los lugares de trabajo, que permitan a las mujeres conciliar la maternidad con la vida laboral.

Las políticas públicas pueden contribuir a motorizar una profunda transformación cultural que rompa con los estereotipos de género y contribuya a garantizarles a las mujeres y a los niños el ejercicio de sus derechos, en libertad.

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