Editoriales — 19 febrero, 2015 at 8:46 pm

Tomar conciencia

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Según los datos de la Encuesta Nacional 2010 a la población general de 12 a 65 años vinculados con el consumo de sustancias psicoactivas, realizada por SEDRONAR, el consumo de alcohol entre los menores de 12 a 17 es de 42%, mientras que en la población entre 18 y 65 años el promedio de consumo es de 77,25%. Esta encuesta evidencia, además, que el 16,5% de menores entre 12 a 17 años presentan un tipo de consumo considerado dentro de la categoría de “problemático”.

La ley 24788 prohíbe la venta de bebidas alcohólicas a menores de edad; todo límite es de alguna forma arbitrario, pero numerosos estudios han demostrado que el alcohol tiene consecuencias duraderas cuando es consumido por un organismo que no está completamente desarrollado. Dificulta la maduración del cerebro, puede ocasionar problemas de memoria y aprendizaje (especialmente cuando se consume en forma intensa), vulnera frente a las adicciones y genera alteraciones en el crecimiento y en la maduración sexual.

​​La mirada predominante en la opinión pública acerca de cómo abordar el consumo de alcohol en menores se centra sobre las políticas de control y sanitarias. Esta concepción tiende a simplificar la problemática y deja afuera dimensiones vinculadas con los desafíos propios de la adolescencia y los múltiples factores que inciden en el desarrollo y la inclusión social durante el tránsito a la vida adulta. Además, la diversidad de actores y niveles de gobierno con responsabilidades en esta temática dificulta la generación de una respuesta integral.​

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